🌆 La tarea que nos dejó
encomendada el Señor
Cristo en la Ciudad: Testigos en los rincones que duelen
y esperan
“Cuando el Espíritu descienda sobre ustedes, los llenará
de fortaleza y serán mis testigos… hasta los últimos rincones de la tierra.” (Hch
1,8)
No dijo “serán mis turistas” ni “mis admiradores”. Dijo: mis
testigos.
A los primeros discípulos, Jesús les encomendó esa misión al
ascender al cielo. A nosotros, los cristianos de hoy —que caminamos entre
avenidas ruidosas, prisas cotidianas y noticias que duelen— nos toca lo mismo: ser
testigos en todos los rincones… incluso en los que nadie quiere ver.
Porque también hay rincones en la ciudad:
– En la casa donde viven nuestros ancianos, en soledad
ruidosa, esperando una visita que no llega.
– En la cama donde el amor conyugal se llenó de rutina y polvo, y el diálogo se
volvió susurro.
– En el aula donde se enseña sin alma, y en el hogar donde ya no se reza.
– En la fábrica donde el respeto se ha tercerizado, especialmente con quienes
callan más y cargan más: las mujeres.
– En el transporte público, donde nadie cede el asiento… ni la mirada.
– En la esquina donde jóvenes venden lo que nadie debería comprar para
sobrevivir al olvido.
– En la oficina donde la verdad se archiva, y la responsabilidad se delega.
– En el barrio donde el civismo se mudó, y votar, cuidar la vida o participar
ya no “vale la pena”.
Cristo sigue caminando por esta ciudad. Y no lo hace desde
las alturas ni los titulares. Lo hace desde esos rincones. Nos pide que seamos
su voz, su abrazo, su mirada compasiva. Nos pide que
encendamos una luz donde otros ya no esperan amanecer.
📍 Ser sus testigos hoy
es salir del anonimato espiritual.
📍
Es dar testimonio donde nadie espera una buena noticia.
📍
Es dejar que el Espíritu nos transforme primero… para luego transformar lo que
nos rodea.
🙏 No es fácil. Pero no
estamos solos. Si lo pedimos, el mismo Espíritu que sopló en Pentecostés
soplará sobre esta ciudad. Y con Él, renacerá la esperanza.

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