Cristo en la Ciudad

Cristo en la Ciudad
El Evangelio en lo cotidiano. La fe con pies en la calle.

 

🕯 Cuando el silencio abraza más que las palabras

Hay momentos en los que el lenguaje se quiebra.
Donde ninguna frase consuela,
ninguna explicación alcanza,
y solo queda el peso del vacío... y el calor de un abrazo.

En esa imagen —donde el dolor se hace cuerpo entrelazado—
se encuentra una verdad profunda:
que cuando alguien parte, no se lleva solo su historia,
sino también un pedazo de quienes lo amaron.

El duelo no se enfrenta con fuerza,
sino con presencia.
Con esa mano que se posa en la espalda.
Con ese llanto que se contiene para no romper al otro.
Con ese silencio compartido que dice: “Estoy aquí, y contigo me duele también.”

No hay respuestas fáciles frente a la muerte,
pero hay gestos que salvan:
la flor colocada con ternura,
la mirada que no juzga,
el abrazo que no pregunta.

Y en ese espacio sagrado —entre el adiós y la esperanza—
queda la certeza de que el amor no muere.
Solo cambia de forma:
se vuelve memoria, se vuelve herencia, se vuelve raíz.

Porque quien ha amado bien…
nunca parte del todo.

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