✨ Noveno Día del Adviento en la
Ciudad
“Cómo se espera sin perder el corazón”
La espera no siempre me encuentra fuerte.
A veces me encuentra cansado, otras inquieto, otras simplemente confundido.
La ciudad no ayuda:
todo es prisa, todo exige respuesta, todo reclama inmediatez.
Aquí, esperar parece un lujo que no pertenece al ritmo cotidiano.
Pero el Adviento tiene otro ritmo.
Uno que no corre,
que no presiona,
que no exige resultados inmediatos.
Y hoy, mientras trataba de ordenar mis pensamientos,
me descubrí preguntándome:
¿Cómo se espera sin perder el corazón?
Esperar no es quedarme inmóvil.
Tampoco es distraerme hasta olvidar lo que deseo.
La espera del Adviento es más honda:
es mantener el corazón despierto mientras la vida sigue.
Hoy entendí que perder el corazón en la espera es fácil:
pasa cuando me lleno de miedo,
cuando me acostumbro al desánimo,
cuando me resigno a que “las cosas son así”,
cuando dejo de creer que Dios todavía puede sorprenderme.
Perder el corazón es dejar de desear.
Y el Adviento, en cambio, despierta el deseo.
El deseo de bien, de paz, de retorno, de luz.
De una vida más verdadera y más honesta.
Hoy me dije a mí mismo:
no quiero dejar de esperar,
pero tampoco quiero esperar de cualquier manera.
Quiero esperar con los ojos abiertos,
con el alma en guardia,
con la ternura intacta,
con la confianza de quien sabe que la Luz no tarda…
solo llega a su tiempo.
Esperar con el corazón vivo es un acto de resistencia
espiritual.
Es decirle a la ciudad, al cansancio, a la incertidumbre:
no me voy a endurecer.
No voy a perder lo que me hace humano.
No voy a cerrar las puertas del alma antes de que la Luz toque.
Faltan pocos días para la Navidad.
Hoy quiero practicar esta espera que no se rinde:
la espera que observa,
que agradece,
que confía,
que prepara el pesebre interior sin apresurar nada.
Porque cuando el corazón se mantiene despierto,
la llegada de Cristo no solo ilumina la noche:
ilumina la vida.
✨ Pregunta
¿Qué parte de tu corazón necesita despertarse para esperar
con verdad?
✨ Acción breve (Cristo en la
Ciudad)
Tómate dos minutos hoy para hacer una oración sencilla:
“Señor, no permitas que me endurezca mientras espero.
Enséñame a esperar contigo.”
Una frase breve puede sostener un día entero.
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