Cristo en la Ciudad

Cristo en la Ciudad
El Evangelio en lo cotidiano. La fe con pies en la calle.

 



Onceavo Día del Adviento en la Ciudad

“Adviento cuando estoy cansado”

Hoy amanecí cansado.
No un cansancio de sueño,
sino uno más profundo,
de esos que se sienten en el pecho,
en los hombros,
en la mirada que tarda en enfocarse.

Y mientras escuchaba el ruido de la ciudad despertar,
me pregunté si el Adviento también es para días así.
Para días sin brillo,
sin motivación,
sin energía suficiente para “sentir” lo que debería sentir.

La respuesta me llegó con una claridad inesperada:
sí.
El Adviento también es para los cansados.

Cristo no vino buscando gente impecable.
Vino al mundo tal como estaba:
agotado, inestable, en tensión.
No pidió una preparación perfecta.
Pidió un corazón disponible.

Y hoy, aunque esté cansado,
no quiero cerrar mi corazón.

Estoy cansado de llevar cargas que no siempre sé nombrar.
Cansado de resolver, de sostener, de cumplir.
Cansado de fingir que estoy bien cuando por dentro sé que no.
Cansado del ruido, de la prisa, de la expectativa constante.

Pero quizá —solo quizá—
el cansancio también es un lugar donde Dios llega.
No para exigirme más,
sino para ofrecerme descanso.

El Adviento no me pide que esté fuerte.
Me pide que esté atento.
Y a veces, la atención nace del mismo cansancio:
de reconocer mis límites,
de aceptar mis vacíos,
de permitir que la gracia haga lo que yo ya no puedo.

Faltan pocos días para la Navidad.
Hoy no quiero forzar nada.
Solo quiero decir con humildad:
“Señor, aquí estoy… así, cansado, pero aquí estoy.”

Y confiar en que eso basta.
Porque cuando estoy cansado,
la esperanza no se siente como euforia:
se siente como un hilo suave que me sostiene.
Como una luz pequeña que no se apaga.
Como una respiración profunda que me permite seguir.

Hoy entiendo que el cansancio no es un obstáculo para el Adviento:
es el lugar donde se vuelve real.

Cristo viene también para quienes ya no pueden más.
Y por eso mismo, viene.


Pregunta 

¿Qué parte de tu cansancio necesita ser reconocida —no negada— en este Adviento?


Acción breve (Cristo en la Ciudad)

Detén tu día por un minuto.
Solo uno.
Respira hondo y di:
“Señor, dame tu descanso.”
A veces, ese pequeño acto es una forma de oración completa

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Bienvenidos a Cristo en la Ciudad

  Cristo en la Ciudad Jueves La puerta cerrada “Los espacios donde nadie entra” Hay lugares que cerramos. Por protección. Por cansancio. P...