Cristo en la Ciudad camina con preguntas:
Sinodalidad después del Sínodo
En el zumbido de la ciudad, entre cláxones y pasos
apresurados, hay preguntas que no se apagan. ¿Qué sigue después del Sínodo?
¿Fue solo una moda eclesial, o es de verdad el inicio de un nuevo modo de
caminar juntos?
El Sínodo de la Sinodalidad, tras tres años de
escucha, reflexión y discernimiento, concluyó su Asamblea Ordinaria en
octubre de 2024, pero su proceso apenas comienza. No habrá
Exhortación Apostólica que lo “cierre”, porque lo que propone no se
cierra: es un camino abierto, en continuidad, en cada comunidad y en cada
corazón dispuesto.
Un Documento Final con cinco llamadas a la
conversión
El texto que resultó de este largo proceso no impone
recetas, pero sí lanza desafíos. Está estructurado en cinco partes que son, en
realidad, cinco conversiones:
1. El
corazón de la sinodalidad: llamado a la conversión personal y
comunitaria.
2. Juntos,
en la barca de Pedro: conversión de las relaciones que construyen
comunidad.
3. Echad
las redes: conversión de los procesos eclesiales.
4. Una
pesca abundante: conversión de lazos y estructuras eclesiales.
5. También
os envío a vosotros: formación de un pueblo de discípulos
misioneros.
Y es que la sinodalidad no es un fin, sino una
forma de ser Iglesia hoy. No es estrategia, es espiritualidad.
Propuestas que brotan de lo vivido
Lo que surgió de esta experiencia colectiva no es un
catálogo de reformas sino una invitación al coraje evangélico. Entre sus
propuestas destacadas están:
· Mayor
participación de laicos en la toma de decisiones.
· Un estudio
continuo sobre el ministerio diaconal para mujeres, sin prejuicios ni
apresuramientos.
· El establecimiento
de consejos pastorales a nivel parroquial y diocesano, no como adornos,
sino como verdaderas estructuras de escucha y corresponsabilidad.
· El
impulso de una transparencia radical, que transforme la cultura eclesial
desde la rendición de cuentas y la coherencia evangélica.
¿Y Cristo? Está aquí… en la ciudad
Imaginemos a Jesús hoy,
caminando entre muros grafiteados y mercados ambulantes, escuchando en una
asamblea parroquial, o subido al transporte público con un cuaderno en la mano
y preguntas en los ojos.
Este Cristo en la Ciudad no viene a imponer verdades, sino a despertar corazones. A enseñar que la duda honesta es camino de fe, y que el Espíritu Santo no se siente incómodo en la esquina más ruidosa o en la asamblea más modesta.
¿Qué nos queda a ti y a mí?
Nos queda asumir esta continuidad sin miedo, sabiendo que:
· El
Sínodo no terminó: empezó en nosotros.
· Las
conversiones que propone no son reformas para otros, son urgencias que
nos interpelan aquí, en nuestras parroquias, universidades, familias y barrios.
· El
Espíritu no se cansa. Sigue soplando donde hay dos o tres que se atreven
a caminar, a escuchar, a discernir… aunque piensen distinto.
Epílogo: La sinodalidad no se predica, se
practica
Cristo en la Ciudad nos lo dice cada día:
“Donde hay un corazón que se atreve a escuchar
al otro, allí estoy yo. Donde alguien pregunta sin miedo, donde alguien abre
las puertas de su comunidad… ahí empieza mi Iglesia”.
Y si callamos, como dijo el Evangelio de Lucas, las piedras
gritarán.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario