Cristo en la Ciudad

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El Evangelio en lo cotidiano. La fe con pies en la calle.

 

"Ni la piedra más dura"

Hay rostros que no necesitan palabras para gritar.
Ella —con la cara marcada, con la dignidad herida— no pide justicia.
Solo permanece. Mira de frente. No se quiebra.

Porque ya aprendió que el mundo lanza piedras...
a quien no encaja,
a quien desafía,
a quien se atrevió a vivir, a amar, o a decir "no".

Pero ni la piedra más dura puede romper un alma que ha sido tocada por la misericordia.
No importa cuántas veces fue señalada.
No importa quién la arrastró al suelo.
Ella se levantará, no por orgullo,
sino porque alguien —una vez— la miró con compasión y no con condena.

Y desde entonces, cada cicatriz en su piel se volvió testimonio,
no de vergüenza...
sino de la fuerza de quien sobrevive a lo impensable
y elige seguir mirando al sol.

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