🕊️ Cristo en la Ciudad… y un León en Roma
El balcón se abrió.
No solo el de San Pedro, también el de la historia.
Y allí apareció él: un hombre de mirada sencilla, manos juntas, rostro emocionado…
Un León.
Pero no rugió.
Rezaba.
Porque antes que pontífice, es hermano. Antes que gobernante, es discípulo.
Se llama León XIV, pero no llegó con armadura. Llegó con memoria.
Eligió su nombre pensando en León XIII, el Papa de los obreros, el que en plena Revolución Industrial alzó la voz por la dignidad humana.
Y lo hizo porque sabe que estamos viviendo otra revolución: silenciosa, digital, algorítmica.
Una revolución que no grita en las fábricas, pero sí en las pantallas.
Que no despedaza con vapor, sino con inteligencia artificial.
Y él, desde ese balcón, lanzó un gesto:
la Iglesia no se esconderá.
Caminará con los trabajadores, con los migrantes, con los últimos.
Caminará incluso con quienes han perdido la fe,
pero aún esperan que alguien los mire sin juicio.
En su primer discurso no habló de muros, habló de puentes.
No de poder, sino de servicio.
Dijo que seguirá los pasos de Francisco.
Y lo creemos... porque antes de ser León, fue Bob,
el obispo que recorría los Andes, que celebraba en barrios pobres de Perú,
el hermano que comía con la gente, y no encima de ella.
En una Roma donde tantos buscan espectáculo,
Dios volvió a apostar por la humildad que no se ve, pero transforma.
Cristo sigue caminando en la ciudad...
Y desde el otro lado del mundo,
ahora hay un León que no impone su voz,
sino que acompaña con el corazón.
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