Cristo en la Ciudad

Cristo en la Ciudad
El Evangelio en lo cotidiano. La fe con pies en la calle.

 



Las puertas: No preguntan, abrazan

Las puertas no juzgan. Se abren o no, pero no interrogan. Y cuando están entreabiertas —ni cerradas por miedo ni abiertas por descuido— se parecen al corazón de Cristo, que no obliga, pero tampoco huye.

Hay puertas que no necesitan llaves, solo tiempo. Otras que se abren solo desde dentro. Pero las más hermosas son esas que, aún golpeadas por la historia, siguen esperando. Son esas que no exigen explicaciones, que no preguntan qué hiciste ni por qué tardaste tanto. Son las que, como la del hijo pródigo, simplemente se abren... y abrazan.

"Estoy a la puerta y llamo" (Ap 3,20).
Cristo no derriba. Cristo llama.
Y si uno se atreve a girar la perilla, el Reino entero se hace sala, mesa y pan compartido.

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