Cristo en la Ciudad

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El Evangelio en lo cotidiano. La fe con pies en la calle.

 

🧳 Cristo migrante: Cristo no tiene visa

Cruzó la frontera en silencio. No traía papeles, pero sí heridas. No hablaba el idioma, pero entendía el miedo. No buscaba privilegios, sino un lugar donde el pan no se escondiera detrás de un muro. Cristo es migrante, y en cada caminante sin nombre, en cada familia separada, en cada niño con frío en los pies, Él vuelve a ser perseguido.

No se detiene ante aduanas ni detenciones. Él camina con quienes caminan sin tierra prometida, porque el Reino que predica no necesita pasaporte. Lo detienen los mismos que un día dijeron creer en Él, pero no lo reconocen en el rostro oscuro, en el acento distinto, en la mochila con todo lo que queda de una vida.

"Fui forastero y me recibiste" (Mt 25,35).
Hoy, esa frase no está en los muros ni en las leyes. Está en los corazones que aún se atreven a abrir la puerta.

Cristo no tiene visa. Pero lleva en su costal la esperanza de todos los que aún creen en la dignidad como bandera.

 

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