✝️ Reflexión ante la segunda fumata negra del Cónclave
El cielo de Roma volvió a oscurecerse con humo negro. Y sin
embargo, no es noche: es vigilia.
Hoy, la Iglesia sigue en discernimiento. El Espíritu sigue
soplando —quizá con más fuerza aún— entre nombres, biografías, silencios y
dudas. La segunda fumata no cierra puertas, las ensancha. Porque elegir a un
Papa no es llenar un vacío, es abrir un camino.
Desde la Capilla Sixtina no ha salido un nombre, pero sí una
certeza: la unidad no se improvisa. Se forja en la escucha. Y eso es lo
que hacen hoy los cardenales, encerrados no en un palacio, sino en la humildad
de una pregunta mayor que todos ellos: “¿A quién quiere Dios?”
En la Plaza de San Pedro, miles permanecen. Rezando,
cantando, esperando. El humo negro no ha dispersado a nadie. Al contrario, ha
unido a todos en una fe que sabe que el blanco llegará… cuando el Espíritu
quiera.
No desesperemos ante la espera. Porque a veces el humo negro
también es señal de madurez. De que se está buscando no al más fuerte, ni al
más popular, ni al más conveniente… sino al más fiel.
El Evangelio no se negocia. La esperanza no se improvisa. Y
el Cónclave, aún sin resultado, ya está dejando un testimonio: la Iglesia sigue
buscando con seriedad, con oración y con verdad.
Hoy no hubo Papa. Pero sí hubo Iglesia.

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