🚦 “Y siguió caminando…” Cristo en el crucero de la ciudad: Cristo no toca
el claxon
Se detiene aunque tenga verde.
No acelera si alguien duda.
No pita, no grita, no frunce el ceño. Espera.
Cristo está ahí, en la esquina donde se cruzan prisas y distracciones,
donde un joven vende dulces y una madre carga a su hijo entre coches que no
frenan.
No da sermones. Pero su mirada es un freno más eficaz que cualquier semáforo.
Ve al motociclista que esquiva, al ciclista que arriesga, al peatón que
maldice.
Y en ese caos, Cristo no impone orden: siembra paciencia.
Porque sabe que hay quienes caminan con más que el cuerpo cansado.
Y porque su Evangelio no llega con sirena, sino con compasión a contratiempo.
Cristo en el crucero no corre… pero tampoco se va.
Cruza cuando todos han pasado,
acompaña al último.
Y de paso, le sonríe al niño que, desde el asiento de atrás, lo vio todo.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario