El fuego del amor frente a los fuegos del mundo
El Papa León XIV ha comenzado su pontificado dejando claro
un sello: ser el Pastor de una Iglesia de los pobres. No es un eslogan
pastoral; es una definición de identidad. Desde el Santuario de Santa María de
la Rotonda, entre refugiados, personas sin hogar y voluntarios, proclamó que la
verdadera riqueza de la Iglesia está en quienes son más frágiles, “todos preciosos,
todos partícipes”.
Pero el corazón de su homilía fue aún más audaz: denunció la
paz cómoda, esa paz que se confunde con seguridad y bienestar individual, y la
confrontó con la paz evangélica que implica riesgo, contradicción y cruz.
En un mundo que quiere anestesiarse con tranquilidades superficiales, León XIV
recordó que seguir a Cristo es aceptar el fuego del amor: un fuego que no
destruye, sino que abraza, sirve y rompe la indiferencia.
Ese mensaje tiene resonancia global. Mientras Ucrania y Gaza
siguen ardiendo en los fuegos de la guerra, el Papa propuso otra llama: la de
la caridad que se convierte en diplomacia de la esperanza, en política de la
ternura. No habló solo a la diócesis de Albano; habló al concierto de naciones
donde el poder de las armas sigue dictando la agenda.
La homilía de León XIV es un recordatorio incómodo y
luminoso: en tiempos de fuegos que consumen vidas y territorios, la única
alternativa que renueva el mundo es el fuego de la caridad, gratuito y
universal. Ese es el desafío cristiano y geopolítico que nos deja: o el mundo
arde en violencia, o se enciende en amor.
📖 “He venido a traer
fuego a la tierra, ¡y cuánto desearía que ya estuviera ardiendo!” (Lc
12,49).
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