“Confiar y Construir: Caminos de fe en la ciudad”
Trabaja como si todo dependiera de ti. Confía como si todo dependiera de
Dios.
Porque sí… los milagros ocurren. Solo hay que estar
despiertos para verlos.
Reflexión: “Dios en la ciudad”
A veces pensamos que los milagros solo ocurren en lugares
silenciosos…
En una ermita alejada, en lo alto de una montaña, o en la calma de un retiro
espiritual.
Pero… ¿qué pasa con quienes viven en la ciudad?
¿Con los que caminan entre bocinazos, semáforos, jornadas largas y almas
cansadas?
¿Acaso Dios se ausenta del ruido?
La verdad es que Dios también camina entre autos y
edificios.
Se hace presente en la madre que se levanta a las cinco para preparar el
desayuno.
En el joven que, con la frente en alto, sigue buscando trabajo sin perder la
esperanza.
En la abuela que reza el rosario mientras va en la combi, aferrada a su fe.
En el niño que, aunque tiene poco, comparte su pan.
Cada pequeño acto de amor es una chispa de milagro.
Cada decisión honesta, cada gesto de paciencia, cada perdón en lo cotidiano…
es una forma en la que Dios se asoma.
Jesús mismo no vivió apartado.
No eligió el silencio del desierto como morada permanente.
Vivió en medio de su gente, entre herramientas, vecinos, problemas reales.
Y nos enseñó que lo sagrado también habita lo cotidiano.
“Mi Padre sigue trabajando hasta ahora, y yo también
trabajo” (Juan 5,17)
Así que…
No esperes que el milagro caiga del cielo como una luz deslumbrante.
Puede estar ocurriendo ahora mismo, en tu esfuerzo silencioso,
en tu fidelidad diaria, en tu lucha por hacer el bien aunque nadie lo note.
Trabaja como si todo dependiera de ti.
Confía como si todo dependiera de Dios.
Porque sí…
Los milagros ocurren.
Solo hay que estar despiertos para verlos.
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