Cristo en la Ciudad

Cristo en la Ciudad
El Evangelio en lo cotidiano. La fe con pies en la calle.

 


Quinceavo Dia del Adviento en la Ciudad

“Adviento en tiempos de miedo e incertidumbre”

Hoy me desperté con esa sensación que conozco demasiado bien:
la incertidumbre.
Esa mezcla de miedo y silencio que se pega al pecho
y hace que todo parezca más frágil de lo que ya es.

Vivimos en tiempos tensos.
Tiempos donde las noticias inquietan,
las calles duelen,
la economía aprieta,
la violencia acecha,
y los planes cambian sin previo aviso.
La ciudad, a veces, respira ansiedad.

Y en medio de todo esto,
el Adviento me hace una pregunta que no esperaba:
¿Dónde pongo mi esperanza cuando no sé qué va a pasar?

Hoy entendí que la incertidumbre no es enemiga de la fe,
es su terreno natural.
Ahí donde no controlo nada,
donde no tengo respuestas,
donde mis manos no alcanzan,
ahí es donde la fe se vuelve fe
y no solo teoría.

Pero no es fácil.
No es fácil esperar cuando todo tiembla.
No es fácil confiar cuando el futuro se siente estrecho.
No es fácil abrir el corazón cuando uno quisiera cerrarlo para protegerse.

Y, sin embargo,
el Adviento no me pide valentía heroica,
me pide disponibilidad.
Una apertura pequeñita,
como una hendija por donde puede entrar la luz.

Hoy decidí no pelear contra mi miedo.
Decidí reconocerlo,
nombrarlo,
y presentarlo en oración.
No para que desaparezca de inmediato,
sino para que deje de gobernarme.

Porque el miedo tiene su lugar,
pero no tiene que tener la última palabra.

La incertidumbre seguirá ahí.
Las preguntas seguirán sin resolverse.
Los riesgos de la ciudad no van a evaporarse.
Pero en este Adviento quiero elegir otra postura:
la postura de quien, aun temblando,
sigue diciendo:

“Señor, camina conmigo.
No me dejes solo en esta noche.”

La fe no es ausencia de miedo.
La fe es no soltar la mano de Dios mientras tiemblo.

Faltan pocos días para la Navidad.
Y este año, más que nunca,
quiero que el nacimiento de Cristo no sea una celebración decorativa,
sino una convicción profunda:
que la Luz viene a las noches reales,
no a las imaginarias;
a los miedos concretos,
no a los inventados;
a las incertidumbres honestas,
no a las respuestas fáciles.

Cristo viene.
Y viene precisamente porque tenemos miedo.


Pregunta

¿Qué miedo necesitas poner hoy en las manos de Dios para poder seguir caminando?


Acción breve (Cristo en la Ciudad)

Durante un momento del día, repite en silencio:
“Señor, acompáñame en esta incertidumbre.”
Deja que la frase te sostenga como un paso pequeño, pero firme.

 

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