Cristo en la Ciudad

Cristo en la Ciudad
El Evangelio en lo cotidiano. La fe con pies en la calle.

 



Séptimo día del Adviento en la Ciudad

“Quién falta en mi mesa”

Hoy, mientras pensaba en la cena que se acerca,

me detuve en un detalle que pocas veces quiero mirar:
las sillas que este año estarán vacías.

No hablo solo de quienes ya no están,
sino también de quienes la vida fue dejando lejos,
de quienes se alejaron sin ruido,
de quienes ya no caben en mi rutina,
o de quienes, por razones que aún me duelen,
dejé de mirar con la ternura que merecían.

El Adviento me hizo sentir esa ausencia como un susurro.
No para entristecerme,
sino para recordarme que la Navidad nunca fue una fiesta perfecta:
fue una noche humilde,
marcada más por la necesidad que por el brillo.

Y en esa humildad, Dios eligió nacer.

Hoy me pregunté con honestidad:
¿Quién falta en mi mesa y por qué?
¿A quién ya no nombro?
¿A quién extraño pero no busco?
¿A quién debo una palabra que no me atrevo a decir?
¿A quién le debo un perdón, un límite, una invitación, un abrazo?

No se trata de llenar todas las sillas.
A veces no es posible.
A veces no es sano.
A veces el amor pide distancia.
Pero sí se trata de mirar con verdad
el espacio que esa ausencia deja en mí.

Y tal vez, de hacer algo pequeño:
una oración,
un mensaje,
una visita,
un detalle sencillo
que no cambie la historia,
pero sí mi corazón.

Faltan pocos días para la Navidad.
Hoy quiero preparar mi mesa interior
como se prepara un pesebre:
con espacio, con verdad, con memoria.
No puedo cambiar todo,
pero sí puedo recordar con amor
a quienes pasaron por mi vida
y dejaron algo bueno, algo difícil, algo valioso.

La ciudad se llena de luces,
pero mi mesa se llena de nombres.
Y cada nombre es una historia
que me formó más de lo que dije.

Este Adviento quiero honrar esas ausencias.
Nombrarlas sin dolor, pero con verdad.
Y, si es posible,
hacer un gesto que abrace a alguien que este año faltará en su propia mesa.

Porque Cristo nace siempre del lado de los que faltan,
de los que no fueron vistos,
de los que no tuvieron lugar.
Y si en mi mesa falta alguien,
que no falte al menos un acto de amor.


Pregunta 

¿A quién podrías nombrar hoy, aunque sea en tu oración, para que su ausencia no sea olvido?


Acción breve (Cristo en la Ciudad)

Haz un gesto sencillo por alguien que sabes que pasará estas fiestas en soledad:
un mensaje, una llamada, una invitación, una oración.
Lo pequeño, en Adviento, pesa como luz

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