✨ Sexto día del Adviento en la
Ciudad
“Lo que no quiero cargar al 2026”
Hoy me di cuenta de algo:
no todo lo que traigo conmigo merece cruzar la puerta del 2026.
Hay pesos que ya cumplieron su función,
hay miedos que aprendieron suficiente,
hay enojos que ya no necesito abrazar,
y hay silencios que, si no los suelto ahora,
me van a acompañar como sombra innecesaria.
El Adviento tiene esa delicadeza.
No empuja.
No exige.
Solo pregunta con suavidad:
“¿Qué quieres dejar para poder recibir?”
Y hoy la pregunta me alcanzó en medio del tráfico,
entre el ruido de la ciudad y el cansancio que a veces se acumula sin avisar.
Me sorprendió entender que no es el año lo que pesa,
soy yo sosteniendo cosas que ya no tienen sentido.
Hay miedos que crecieron más de la cuenta.
Hay heridas que se quedaron abiertas por falta de valor para nombrarlas.
Hay pensamientos repetidos que solo desgastan.
Hay responsabilidades que asumí sin preguntarme si eran mías.
Y hay culpas, esas pequeñas y tercas culpas,
que se quedaron encendidas como luces que no iluminan nada.
No quiero cargar todo eso al 2026.
El Adviento me recuerda que Cristo llega a un pesebre,
no a un almacén saturado.
La Luz entra donde hay espacio,
no donde todo está acumulado.
Así que hoy decido, aunque sea de a poco,
soltar lo que ya no sostiene mi vida:
un miedo que me limita,
un enojo que se volvió costumbre,
una exigencia exagerada,
un perfeccionismo que no es amor sino castigo.
Quiero entrar a la Navidad más liviano,
más sincero conmigo,
y más disponible para la esperanza.
Faltan días para la Luz,
pero hoy ya puedo empezar a dejar ir.
Porque hay cosas que se cargan por hábito
y no por necesidad.
Y este Adviento,
en medio de esta ciudad que corre, exige y empuja,
yo quiero elegir conscientemente
qué sí llevare conmigo
y qué dejaré aquí, donde ya pertenece el pasado.
✨ Pregunta
¿Qué estás cargando que ya no te ayuda a caminar?
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