Segundo mes
El primer mes fue aprender a caminar.
A medir el paso.
A descubrir quién se detiene, quién acompaña y quién regresa cuando pensábamos
que ya no estaba.
El segundo mes no empieza con prisa.
Empieza con decisión.
Cristo no inaugura etapas con discursos largos, sino con
gestos pequeños que sostienen:
volver a salir, volver a mirar, volver a decir “aquí estoy”.
Si algo nos enseña este inicio es que la constancia también
es una forma de fe.
Seguir cuando nadie aplaude.
Estar cuando parece que no pasa nada.
Caminar incluso en días ordinarios.
Cristo en la ciudad no corre.
Camina.
Y cuando camina, invita.
Que este segundo mes nos encuentre atentos, firmes y
disponibles.
Porque lo importante no es cuántos días llevamos…
sino no haber dejado de andar.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario