🕊️ Cristo en la favela:
Aún hay fe
En lo alto del cerro, donde la ciudad olvida su mapa y el
progreso parece detenerse, hay callejones sin pavimento, casas de lámina, risas
que resisten, y una fe que no se rinde. Allí, donde muchos solo ven carencias, Cristo
se hace vecino. No llega con promesas de desarrollo ni discursos
redentores: llega con mirada limpia, con pan compartido, con abrazo sin prisa.
En la favela, en el barrio, la fe no es teología académica. Es sobrevivir
con dignidad, compartir el poco arroz, rezar con velas recicladas, cuidar al
hijo ajeno. Allí, Cristo no viste túnica blanca, sino que camina con
chanclas gastadas, carga un costal, o juega fútbol con niños sin uniforme. Se
mezcla sin estatus. Escucha sin reloj.
Y es en esa esquina olvidada donde resuena con más verdad: "Bienaventurados
los pobres, porque de ellos es el Reino" (Lc 6,20). No como promesa
futura, sino como realidad encarnada.
Aún hay fe. Y en ese aún, se sostiene el mundo.
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